El más antiguo pueblo de la historia que hasta hoy se señala es el
Egipto. Situado al Norte de África, entre el mar Mediterráneo, la Arabia, el
mar Rojo, la Etiopia y el desierto líbico, forma aún uno de los territorios
más nombrados, con historia legendaria y discutida. Su espíritu general
queda acaso oscurecido en algún modo por el carácter enigmático y misterioso que de los griegos á nosotros se le ha ingerido, con mil mudanzas, en su vida y en sus obras. Aquel coloso momificado, reservado é imponente como una esfinge, no tiene ya razón de ser sino en leyendas seudo Ü egipcias.

En su vida y en sus obras fué un gigante de otro orden, lleno
de fuerza y actividad, que con actos y caracteres siempre humanos, tuvo cambios esenciales en su existencia y mudanzas en su espíritu y en su historia, como otros pueblos. Comparándole por una imagen, fué
muchacho, adolescente, adulto y viejo, con corpulencia gigantesca y una fuerza soberana.

£>U situación y geografía le enclavaron en un oasis de vida antigua y savia virgen, entre mares, cordilleras y desiertos que le dieron largos días de sosiego (i). Así medró reposado y con vigor de existencia patriarcal. Fué sucesor y maestro de otras familias que dominó y expulsó, y cuyo paso por aquel suelo se ha intentado señalar en su prehistoria (2). De 50 á 70 siglos se mencionan de su historia conocida, que le dan un prestigio secular y venerable. Antes de entonces formaba ya un pueblo adulto, con su
vida religiosa, política, civil, industrial, agrícola, ya completa. En su arte producía gigantescos monumentos, imponentes como su historia (3).

Cuando otros pueblos vivían aún en la barbarie antehistórica más primitiva, el Egipto secular era ya viejo. El hombre del Norte, el celta sencillo, de rubio pelo y ojos azules, era agreste cuando el egipcio le retrataba (por lo menos mil quinientos años antes de J.C.) (4).
Al pie mismo de las pirámides gigantes y en las sepulturas excavadas más allá, está pintada y esculpida aquella vetusta sociedad con sus coetáneas. Cuando el arte producía tales recuerdos, ¡qué de siglos no habrían pasado en los ensayos!

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Por tobalcris

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