Si hay algo que define a un país y lo hace único es su cultura. Ver su arte, vivir sus tradiciones, probar su gastronomía y pasear por su historia son, sin duda, la mejor guía para descubrirlo y en eso, justamente, consiste el turismo cultural.

A diferencia del turismo de sol y playa, cuya motivación principal es el descanso, el turismo cultural persigue básicamente un objetivo: conocer, en el más amplio sentido de la palabra. Conocer la historia, el arte y las gentes de un lugar, saborear su comida, descubrir sus costumbres y disfrutar, en primera persona, de una forma diferente de ver el mundo.

Sucede que todo depende de la concepción de la categoría «Cultura» que posean los ejecutores de la política cultural del país. Y es que la cultura no debe concebirse como un valor añadido al turismo, no como un simple espectáculo con visos esnobistas que no rebasa los límites músico – danzario. Y por el otro, el turismo no es el viaje en sí, el viaje es el medio, la clave está en el por qué y para qué lo hago, y, sobre todo, en el qué voy a hacer en el lugar de destino. El hacer turismo está en la finalidad con que se realiza el viaje. El turismo nace, esencialmente, para conocer otras culturas. El turismo, desde sus orígenes y en toda la historia, ha tenido una naturaleza cultural, considerada la cultura en su acepción más amplia, por supuesto.

La cultura es transversal a la gestión turística, por tanto, un programa para el desarrollo de un turismo sostenible en el país demanda y le es inherente una planificación táctica y estratégica del turismo cultural. Esta proyección deberá sustentarse en los principios de la identidad cultural, el rescate, conservación y revitalización de bienes y valores del patrimonio cultural tangible e intangible, de la creatividad popular, de la cultura popular y tradicional, del aprovechamiento de la enseñanza artística y los eventos culturales, donde se expone lo más auténtico y valedero de la cultura nacional, tanto en la ciudad como en zonas rurales.

Aunque el turismo, de una forma u otra, siempre ha estado vinculado a ese conocer, lo cierto es que a partir de los años 70, cuando la UNESCO desarrolló la Convención sobre Patrimonio Cultural y Natural y se propuso conservarlo y promocionarlo, el turismo cultural ha experimentado un gran auge en todo el mundo, pero especialmente en Europa. De hecho, actualmente hay 1.121 sitios declarados Patrimonio de la Humanidad y la mayoría de ellos distribuidos en tres países: Italia (55), China (55) y España (48) —dos de ellos del Viejo Continente—.

«La cultura es uno de los motores del crecimiento del turismo». Lo decía hace apenas un año el Secretario General de la Organización Mundial del Turismo (OMT), Zurab Pololikashvili, durante la tercera conferencia sobre el turismo cultural organizada por la OMT y la UNESCO. Y un dato lo constata: según la OMT, el turismo cultural en el mundo representa cerca del 37% del total del sector.

Los bienes y obras artísticos-culturales junto a otras potencialidades sociales de valor turístico, junto la riqueza de su ecosistema, van a convertirse en dimensiones neurálgicas del desarrollo de un turismo nacional con proyección global.

Cada turista que se sensibiliza con nuestras obras y valores culturales se convierte en un promotor informal y exportador de la cultura nacional y, además, de convertirse en un multiplicador será un turista repitente; deberá quedar hechizado con la autenticidad, talento y profesionalidad del arte y cultura dominicanos. Hemos de insertar a nuestros artistas, instituciones públicas y privadas, a las organizaciones no gubernamentales en todo el proceso de ofrecer un auténtico turismo cultural exponente de la dominicanidad.

La relación entre turismo, cultura y desarrollo sostenible es de carácter tridireccional la relación entre cultura, turismo y desarrollo sostenible. En nuestro país, tenemos un valiosísimo potencial artístico y cultural que necesita ser imbricado en la oferta turística para mejorar y hacer original el turismo dominicano.  A su vez, la inserción de la cultura como razón y esencia de la gestión en la oferta turística, va a revitalizar económicamente al sector cultural, comercializando obras de arte y eventos culturales. Así mismo, se mejorará la empleomanía del sector artístico lo que tributa a una mejor calidad de vida para nuestros artistas, artesanos y gestores culturales. Con la comercialización cultural turística se incrementarán los ingresos de la cultura en el país y se podrá ofrecer un servicio a la población cualitativamente superior, con los ingresos, aportaremos al Producto Interno Bruto del país. También podrían financiarse áreas vulnerables, como la enseñanza artística a escala nacional y no concentrada en la capital, se potenciaría el rescate y apoyo de talentos artísticos perdidos en el anonimato, en nuestros pueblos y zonas rurales por falta de oportunidades.

Turismo cultural, no es hacer una cultura para turistas, es hacer a los turistas partícipes de nuestra diversidad, bienes, valores e identidad culturales. Por lo tanto, para lograr un desarrollo sostenible del turismo en nuestra tierra, considerado el motor impulsor de la economía, tendrá que tener como centro y corazón a la cultura y a la gestión cultural turística como una de sus principales categorías, proveedora del sello de distinción definitivo y perdurable.

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Por tobalcris

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